5 cosas sobre mí

Soy Irlandés, de un pequeño pueblo en la costa oeste llamado Liscannor. El pueblo tenía una tienda, una gasolinera, una iglesia, y seis pubs.

Me encantan los deportes- cuando era joven jugaba Fútbol Gaélico a un nivel interprovincial. Hoy en día, disfruto la natación de larga distancia, la escalada y jugar al tenis, si bien no todo a la vez.

Vivo en Barcelona y tengo una preciosa niña catalano-española-irlandesa, Sofía, que dice cosas como “ tinc una pupa en my foot”

Hablo un Español fluido, si bien he aprendido casi todo mi Español “ en la calle”. Así que se me conoce por decir las cosas a veces de una forma demasiado grosera sin darme cuenta o utilizar una jerga que nadie entiende.

Tengo una Licenciatura en Filosofía y Literatura Inglesa por la Universidad de Galway. En la Universidad descubrí la magia del escenario, y posteriormente trabajé profesionalmente como director de teatro y profesor de actuación.

3 historias

Como profesor, lo peor que te puede pasar es mirar a la gente en la clase y saber, sin una sombra de duda, que les gustaría estar en otro sitio, cualquier otro lado, menos en esa sala contigo.

Esto me ocurrió la primera vez que trabajé como formador de equipos ejecutivos. Había diseñado un taller de Business Presentations con mi amigo Neil, que tiene mucha más experiencia que yo. Él facilitó la primera sesión con el grupo y había ido realmente bien. Ahora era mi turno y en el espacio de 10 minutos de alguna manera me las había arreglado para arruinar la gran atmósfera que Neil había conseguido. Para hacer las cosas aún peor, Neil estaba sentado en la parte final de la habitación viéndome morir en una muerte lenta enfrente de los estudiantes

¿Qué hice tan mal que volvió toda la clase en mi contra?
Neil y yo fuimos a tomar una cerveza para analizar minuciosamente lo que había ido mal. Realmente necesitaba una cerveza.

Mi error fue sermonear a la clase. Había pasado meses preparando el taller. Tenía muchas cosas que quería contarles. Quería mostrales mi método infalible para diseñar la presentación perfecta. Quería convencerles para cambiar sus malos hábitos.

Lo que no hice fue escucharles mucho o incluso dejarles hablar unos con otros. No diseñé actividades a través de las cuales pudiesen descubrir o practicar nuevas habilidades. Y mi “método” no era flexible o abierto a cambio alguno sugerido por ellos. Fui a ese taller pensando que tenía todas las respuestas, que era la fuente de todo conocimiento.

Neil me dijo que fue difícil para ir no saltar e intentar salvarme durante esa clase. Lo que le paró fue su certeza de que esta dolorosa experiencia me serviría para el futuro. Tenía razón. Me alegro de que ocurriese. Me ha hecho un profesor mejor. Mucho mejor.

Enseñar no supone ser el experto (lo que por supuesto lleva implícito que los estudiantes son unos ignorantes). Enseñar bien supone facilitar el trabajo en grupo, acompañar a la gente en su proceso de aprendizaje. Supone diseñar buenas actividades de aprendizaje. Supone inspirar a la gente para cuestionarse a sí mismos y al status quo, y pasar a la acción.

La gente está fascinada con los actores, y hay una percepción muy común de que los actores famosos son prima donnas, egocéntricos y difíciles de tratar.

Tenía 25 años cuando dirigí mi primera obra profesional; “ A life in the Theatre” de David Mamet. Trataba sobre la relación entre un actor joven y ambicioso y otro mayor que está en conflicto con su edad.

A pesar del hecho de no tener dinero alguno para pagar a los actores, escribí una carta al actor más famoso de Irlanda por aquellos entonces, Des Cave, pidiéndole que hiciese el papel del actor mayor. Nos encontramos en un café y para mi gran asombro, estuvo de acuerdo en hacer el papel.

Estaba nervioso de narices antes de que los ensayos empezasen. El otro actor al que seleccioné tenía la misma edad que yo. Des tenía 40 años más de experiencia en el teatro que cualquiera de nosotros. Había trabajado con algunos de los mejores directores del mundo. ¿Aceptaría mis indicaciones? .¿ Confiaría en mí?.

El primer día de ensayo tuve especial cuidado de pedir a Des su opinión en todo, y de escuchar muy cuidadosamente cualquier cosa que tuviese que decir, tanto si hablaba sobre la obra o el tiempo o el partido de anoche. Pero muy rápidamente me di cuenta de que él también escuchaba cuidadosamente todo lo que yo decía. Hacía preguntas. Me pedía opinión. Seguía mis indicaciones. Me di cuenta de que parte de lo que hacía a Des tan gran y respetado actor es que era magnífico en los ensayos. Tenía ganas de aprender y de arriesgarse.

He seguido trabajando con otros grandes actores y actrices en mi carrera como director de teatro. Y ahora, en mi carrera como profesor y coach, también he tenido la oportunidad de trabajar con líderes con éxito y talento en un amplio rango de organizaciones. Y la lección que he aprendido con Des todavía se mantiene cierta. La gente con éxito, la gente con talento, la gente famosa, son a menudo lo opuesto a lo que esperas de ellos. No son egocéntricos prima donnas, sino que están ansiosos por aprender, quieren opiniones y están dispuestos a asumir riesgos.

He aprendido a no estar abrumado y a dar mi opinión honesta a la gente con la que trabajo. Pueden ser mayores que yo, con más éxito o incluso famosos, pero probablemente llegaron a esa posición por ser como Des Cave, ese gran actor Irlandés.

“Estudiar filosofía no te va dar nunca un trabajo”, me dijo mi padre.

Estábamos sentados el uno enfrente del otro en el salón y acababa de contarle mi decisión de dejar los estudios de Ingeniería Mecánica para estudiar Filosofía.
“ Brian, hay básicamente dos tipos de personas en este mundo. Hay gente que trabaja en aquello que aman, pero nunca consiguen ningún dinero con ello, no tienen tiempo libre y sufren. Y luego hay gente que trabaja en algo que no necesariamente aman pero que les da buenos ingresos y así pueden disfrutar de unas buenas vacaciones, una bonita casa y mucho tiempo libre. Y quién sabe, con ese tiempo libre puedes leer todos los libros de filosofía que quieras”.

Mi padre era el dueño de la única tienda en el pequeño pueblo en el que me crié en el Oeste de Irlanda. Trabajaba duro, y trabajaba muchas horas. Era muy inteligente y creativo, y creo que sentía que podía haber hecho algo más con su vida.

Ahora puedo ver que él sólo quería lo mejor para mí, protegerme de abandonar un futuro prometedor como ingeniero; una disciplina que es admirable, práctica y bien pagada. Y estaba en lo cierto sobre que mi Licenciatura en Filosofía no me hacía muy elegible para un empleo. Pasé 10 años trabajando en varios empleos, ninguno de los cuales me satisfacía plenamente. Así que al final tuve que inventarme un trabajo, uno que aprovechase del todo las diferentes habilidades que había desarrollado a lo largo de los años. Ese trabajo es el que ahora hago.
¿Cuál es ese trabajo?. Aún me resulta difícil explicar lo que hago, lo he explicado a mi madre una docena de veces y aún no lo pilla del todo.

Pero mi padre estaría contento de oír que no sólo es el trabajo que mantiene a mi familia y a mí, pero también el que amo hacer y del que estoy orgulloso. Y es, además ,un trabajo que no podría haber hecho si no hubiese estudiado filosofía.

5 principios

Para hacer lo que hago es esencial entender las múltiples maneras en las que la gente aprende, interactúa y se motiva. Las personas aprenden mejor cuando descubren y adquieren capacidades por sí mismas, y cuando ven los resultados de aplicar estas nuevas capacidades en el día a día de su trabajo.

Aproximadamente el 80% de nuestros resultados proceden de un 20% del esfuerzo. Puesto que trabajo con profesionales muy ocupados, pongo el énfasis sólo en aquellas funciones y capacidades que más aportan a lo que se quiere alcanzar.

Ofrezco herramientas y técnicas simples para ayudar a desgranar un problema, determinar los resultados clave, y reflexionar en qué es lo más importante que hay que conseguir en el limitado tiempo disponible.
No “ vendo” trucos o soluciones rápidas que van a resolver los problemas de cada uno. No creo que tales cosas existan. En su lugar, me centro en simples y sólidos principios sostenidos por ejemplos relevantes y ejercicios en el mundo real.
Mis métodos y enfoques tienen el factor “adaptabilidad” integrado en su marco, por lo que podremos ser capaces de incluir y manejar cambios cuando estos ocurran. Sólo hay la suficiente estructura para ponerse en marcha, pero es fácil de cambiar de rumbo cuando sea necesario.